Adalberto, familiar co-dependencia
Vivía atemorizado, llamando por TEL para ver si llego y como con miedo y angustia de irme a trabajar.
Viendo como sostener a su madre y a su hermana, como calmarlas y ser fuerte cuando me sentía débil.
Pensar en el hoy, en el ayer y en el mañana, preguntarme que hizo que yo fallara como padre, si lo que le había dado no había sido suficiente, pero el necesitaba otra cosa, necesitaba el dialogo, que yo no supe escuchar cuando el me decía papa te necesito, ayudame. No había comunicación, nos falto apoyo como familia.
Su madre y su hermana lo supieron contener más que yo. Y así llego el día que decidió internarse. Por un lado alegría y por otro tristeza, nosotros no lo obligamos el lo había decidido.
El primer día nos preguntamos ¿como estará? ¿Nos extrañara? y muchos pensamientos, pero con la conclusión final de que el estaba mejor allí.
Recuerdo que en el primer encuentro con el, ir como loco por las calles en coche, y volver relajado viendo los progresos que estaba teniendo día a día. Luego vino el alta, aparecieron todos los temores de nuevo, pero tenía que tener la confianza de que iba a lograrlo, y que yo tenía que aprender a escucharlo, aun en el silencio. Todavía tengo que seguir aprendiendo a ser padre. También darme cuenta que lo que le paso no fue gratis, que tuvo que pagar con dolor, angustias, pesadillas. Ya paso su tratamiento y yo continuo trabajando en seguir conociéndonos, acercarnos cada día un poco mas, pensar en el futuro y hacerlo juntos.